Un día de septiembre,
hacía una tarde fría,
sentí las manos de una melodía,
era algo diferente durante ese día.
Nunca imaginé aquella llegada,
me susurraba al oído el aire de la ventana,
miraba de cerca sus ojos grandes,
poco a poco sentí su tacto.
Se veía algo indiferente y burlón,
pero al mismo tiempo tímido e inocente,
el iris de tus ojos se hicieron latentes,
nuestras manos se rociaron.
El momento iba desapareciendo,
las sensaciones se hicieron fugaces,
el amor no aparecía por ningún lado,
desde entonces nunca más volvió a hablar.
Por: Estela Simaj
hacía una tarde fría,
sentí las manos de una melodía,
era algo diferente durante ese día.
Nunca imaginé aquella llegada,
me susurraba al oído el aire de la ventana,
miraba de cerca sus ojos grandes,
poco a poco sentí su tacto.
Se veía algo indiferente y burlón,
pero al mismo tiempo tímido e inocente,
el iris de tus ojos se hicieron latentes,
nuestras manos se rociaron.
El momento iba desapareciendo,
las sensaciones se hicieron fugaces,
el amor no aparecía por ningún lado,
desde entonces nunca más volvió a hablar.
Por: Estela Simaj

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